Hay quien se ha podido adaptar más o menos al teletrabajo con la digitalización de los contenidos pero éste no es nuestro caso y por este motivo tendremos que esperar a que la situación mejore para volver a compartir itinerarios y actividades con todos vosotros.
Los efectos del confinamiento no se reducen únicamente a la economía, también inciden directamente en la salud de las personas con lo que se conoce como trastorno por déficit de naturaleza. Los expertos llevan décadas confirmando que la sociedad cada vez vive más alejada de la naturaleza (55% población mundial vive en ciudades) y esta situación actual lo ha agravado aún más. A través de las redes sociales muchos nos han hecho llegar las ganas “locas” de volver a salir a andar y sentir la naturaleza de nuevo, cuando finalice el estado de alarma. Entiendo y comparto este sentimiento pese a estar confinado en un lugar privilegiado como es el parque natural de Sant Llorenç del Munt y el Obac.
El periodista y escritor Americano, Richard Louv, fue el primero en utilizar el concepto de trastorno por déficit de naturaleza en el libro Last Child in the woods. Está científicamente comprobado que el contacto con la naturaleza tiene unos claros beneficios en la salud de las personas, ya sea física o mental. Porque lo que se conoce como espacios verdes (jardines, parques, bosques) y espacios azules (ríos, lagos, mares), ofrecen esa sensación de paz y bienestar que todos hemos oído al pasear por la montaña o la playa.